Hola... Hace tanto que estoy sin ti. ¿Cómo estás?
Yo aún no logro encontrarme, mucho menos sin ti.
Cuanto más pasa el tiempo, mis sentidos intensifican aún más tus recuerdos.
¿Sabes? A veces puedo sentirte, muy fugazmente; sintonizo unos segundos intensos de ti en mi piel, mientras la escena en retrospectiva hace lo suyo a ojos cerrados.
Da igual la noche o el día: vivir las horas bajo tu cielo fue el caos armonioso que complementó perfectamente a mi alma.
¡Sí! Sé todos los reproches, los hastíos, los “no aguanto más” que te dediqué.
Y no te voy a mentir: de volver, tal vez nada de eso cambie.
No es justo —ni para ti, ni para mí— dejar de ser para poder estar juntos.
Lo mejor será hacer balance y encontrarnos en ese espacio donde nos hacemos bien, donde logramos ser felices; dando luz a las molestas sombras y pactando tregua entre la oscuridad de ambos, sin tropiezos, quizás los menos.
No sabes lo que daría en este momento por sentir tu calor, por respirar tu aire y contemplarte mientras me cobijas.
Te extraño en medio del “me agotas pero me calmas”; tu locura y mi sonrisa, el frenesí de la tarde y la libertad de tus noches.
Has sido el guayabo más intenso y perpetuo que me ha tocado sufrir, porque no hay alcohol que lo cure, ni amor que lo suplante.
Tuya siempre...
